Aviso de cookies

Utilizamos cookies propias funcionales de sesión como p.ej. las que utilizamos para que el sitio responda al tamaño de pantalla del usuario o el idioma seleccionado. También usamos cookies de terceros con fines analíticos, para entender cómo utilizas nuestra página web, y en función de eso, mejorarla y hacerla más funcional .
Consulta nuestra Política de Cookies para obtener más información.

Las cookies de sesión son necesarias. Puedes aceptar las cookies analíticas pulsando el botón ACEPTAR.

Cookies Analíticas
Cookies de Google Analytics.
Estas cookies nos permiten contar las visitas y fuentes de circulación para poder medir y mejorar el desempeño de nuestro sitio. Nos ayudan a saber qué páginas son las más o menos populares, y ver cuántas personas visitan el sitio. Toda la información que recogen estas cookies es agregada y, por lo tanto, anónima. Si no permite estas cookies no sabremos cuándo visitó nuestro sitio.

Cookies necesarias
Cookies analíticas
ACEPTAR

federación valenciana de atletismo
FICHA NOTICIA
18/11/22
Chazarra, el gordito que se convirtió en campeón/Chazarra, el gros que es va convertir en campió
Chazarra, el gordito que se convirtió en campeón

El atleta del Club Atletismo Dolores, que entrena en Valencia con Redolat, fue el mejor sub23 en el Campeonato de España de cross por clubes


Hace poco más de un año, Miguel Ángel Martínez Chazarra, a quien el mundillo del atletismo conoce como Chazarra, era un chico con sobrepeso que se dedicaba a estudiar Física. Era imposible pensar que ese joven acabaría proclamándose, el pasado domingo, vencedor en la carrera sub23 del Campeonato de España de Cross celebrado en Atapuerca. El representante del Club Atletismo Dolores culminaba así -logrando, además, una plaza para el Europeo- su regreso al atletismo.


Chazarra tiene veinte años y una memoria difusa. Al atleta de Rojales, al sur de Alicante, en la Vega Baja, le cuesta recordar sus orígenes, el día que su primo, cuando Miguel Ángel aún era un niño, le propuso ir con él a una carrera popular en Dolores. Pero no olvida que cuando dejó su pueblo para irse a estudiar la carrera a Valencia se estresó porque se pasaba el día subido en el metro. Por la mañana iba al campus de la Universitat de València en Burjassot, luego se marchaba al piso donde vivía, que estaba cerca de la Politécnica, y por la tarde tenía que cruzarse la ciudad para entrenar en el Estadio del Turia para luego coger y regresar de nuevo a casa. “Al final no cumplía con los estudios ni con el deporte, así que a finales de 2020 decidí dejar el atletismo”, recuerda.


El problema es que él siguió comiendo como si entrenara todos los días. Porque a él le encanta comer. Cuando se quiso dar cuenta, se le había ido la mano. Chazarra relata esto divertido, unos días después de ganar en Atapuerca con un cuerpecillo de 1,79 y 64 kilos, y recuerda que llegó a ponerse en 78 kilos, que para él es mucho. Así que ese verano, el alicantino de 19 años decidió que tenía que volver. Primero llamó a José Antonio Redolat, que era el entrenador que había elegido en València aconsejado por su amigo Isaac Theo Hirshman, y le rogó que volviera a acogerle en su grupo. El entrenador, una leyenda del atletismo valenciano, le abrió las puertas, pero a cambio le pidió mucha seriedad. Y después se cambió a un piso con Isaac y otros atletas al lado de la pista, con lo que ganaba mucho tiempo cada día.


La semana antes de empezar la pretemporada salió a rodar dos o tres días para mejorar su aspecto físico, pero aún así llegó alarmantemente bajo de forma. “Empecé en septiembre y era imposible seguir al grupo. Me tiré más de un mes haciendo entrenamientos yo solo. Necesitaba ir cogiéndome a mi ritmo y me tiré también el primer mes con un gran dolor en las tibias, una periostitis brutal. Cada pisada era dolor. Lo pasaba fatal. Pero fui cogiéndome. No podía volverle a fallar a Redo. Con el tiempo me di cuenta de que me estaba haciendo bien. Tuve paciencia y confianza en mí. Sabía que era cuestión de tiempo, aunque no sabía ni si iba a poder batir mis marcas. Y ahora el atletismo es como mi psicólogo y todas las tardes cargo las pilas en la pista”.


La temporada le recompensó. Logró buenos resultados y mejoró sus marcas personales. Su entrenador sabía que tenía a un gran atleta entre manos, aunque fuera casi un desconocido en el ámbito nacional, que le ha conocido ahora, tras este triunfo en Atapuerca. Pero no tiene prisa y quiere que Chazarra siga los pasos que tiene que seguir un joven de veinte años. “Tiene cualidades aeróbicas muy buenas y, aunque él prefiere el 5 000, debe hacer primero el 1500 antes de pasar al 5000. Nos puede dar alegrías en el 1500 y hacer marcas interesantes porque está entrenando con dos buenos corredores como son Enrique y Abde (El Khayami). Tiene cabeza y cuando tiene que echar el freno de mano, lo hace. Sabe cuándo apretar y cuándo no. Es muy trabajador y ahora tiene las cosas muy claras. Solo que, como a Andrea Romero -la atleta de Formentera que entrena con ellos y que ganó la carrera sub23 de mujeres-, los señalan como fondistas y primero tienen que pasar una etapa de mediofondistas porque eso les vendrá bien en el futuro para aguantar los ritmos altos”.


Antes que Redolat, su entrenador fue Edu Castaño. Chazarra se buscó la vida en Dolores, donde tampoco había pista pero al menos sí un club de atletismo. Allí, a diez minutos de Rojales, en un equipo donde se especializaron en el campo a través y las largas distancias porque no tenían medios para más, compaginó el atletismo con el fútbol. Al final venció el deporte individual porque se le daba bien y los resultados le lucían mucho y porque el futuro en el fútbol no era muy halagüeño. “Yo jugaba de carrilero y me tiraba todo el partido subiendo y bajando la banda. Pero, la verdad, aquel equipo era rematadamente malo y por eso me decanté por el atletismo”.


El primer éxito, muy modesto, fue de niño. En una carrera en Dolores. El chaval cruzó la meta en tercera posición, pero justo después, ya fuera de carrera, le pasó otro chico. El hombre que les iba  recogiendo en orden, vio al otro niño en tercera posición y se lo llevó para el podio, dejando sin medalla a Chazarra.


Con Castaño tiraban de imaginación para suplir la ausencia de una pista y hacían las series en un cuadrado de aproximadamente 500 metros. Estuvieron juntos toda su etapa de formación, hasta que Chazarra se fue a estudiar a Valencia y se pasó al grupo de Redolat. Primero lo intentó con los planes de Castaño, entrenando en solitario, sin nadie con quien compartir el esfuerzo, pero al final se rindió a la evidencia: necesitaba un grupo. No conocía a Redolat en profundidad, pero, aficionado al atletismo como es, sí que había visto alguna carrera suya en YouTube.


Su momento álgido ha sido este triunfo en Atapuerca. Chazarra llegaba fuerte y confiado, pero desconocía si había algún rival más en forma que él. La víspera, Enrique Herreros, el compañero, más experimentado, con el que ha ido creciendo estos dos años, con quien ha compartido más series y momentos duros, le dio algunas consignas para hacer una carrera perfecta al día siguiente. “Y luego corrí de manera inteligente y me fue bien. Mi objetivo era acabar entre los seis primeros porque al Europeo de cross van seis, pero luego me encontré bien y aproveché mi momento a falta de 1.500 metros para irme en solitario”.


Mucha gente del atletismo español le descubrió en ese cross y esta semana varios clubes y representantes se han interesado por él. Chazarra dice que lo lleva con calma y Redolat le está ayudando para que no se descentre. Ellos saben que el 11 de diciembre, en Turín, es el Campeonato de Europa de cross y que ese es el día que tiene que hablar. Hasta entonces, trabajo.

ARCHIVOS PDF